martes, 15 de diciembre de 2015

Mi regalo más grande








Mi hijo es mi regalo más grande. Nació y la vida me cambió. Su dulzura, ternura, inocencia,  fragilidad y amor abarcaron todo mi ser,  ese que sin  pensarlo dos veces, se dedicó a protegerlo  y amarlo  para toda la vida; sin duda alguna, el regalo más grande que ha recibido una madre.


Y ahí comenzó un largo camino de alegría, enseñanzas, desvelos, preocupaciones...



Imposible olvidar, la mirada de reconocimiento al escuchar la voz de aquella que le habló cuando apenas pensaba nacer,  o su primera  sonrisa, palabra, dientecito, sus pasos inseguros buscando esa mano protectora que nunca falta, que no nos deja caer.



Seré su primera novia que desborda de felicidad ante sus besos y abrazos improvisados.




La amiga fiel presente en los momentos de festejos o vicisitudes. Constantemente a su lado sin condiciones, sin exigencias, con mucho amor y cariño  en mi corazón siempre disponible para darle.



La centinela que no duerme ante un problema, enfermedad, buscando su felicidad y bienestar. 



La  consejera  que alienta ante una dificultad; la del regaño oportuno, la que educa. La que sin decirle nada le entiende.



No importa los años que yo tenga, ni que el cansancio del día agotador se dibuje en mi rostro, al final de la jornada solo me reconfortará el saber que mi  retoño está bien, es feliz y me conforma con la mirada tierna que en miles de forma me expresan: Mamita yo te quiero.



Por eso todo el amor del mundo para esa personita especial, que no necesita de adjetivos para describirle, que no necesita de palabras para adorarle, que no necesita de hechos para amarle porque al final Sergito es mi regalo más grande.  

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